¿A qué suena el amanecer de un pueblo mexicano cuando lo interpreta una orquesta?
Esa pregunta podría parecer poética, pero es una forma bastante precisa de acercarse a la música de Candelario Huízar (1883–1970), uno de los compositores mexicanos más singulares del siglo XX. Nacido en Jerez, Zacatecas, Huízar no siguió el camino habitual de los músicos académicos. Su infancia estuvo marcada por la modestia y el trabajo: su familia lo envió a aprender el oficio de platero, una manera rápida de contribuir a la economía doméstica.
Pero mientras aprendía el trabajo del metal, otro sonido lo fascinaba: la banda municipal que tocaba en la plaza del pueblo. Como muchos músicos de su generación, su primera escuela fue precisamente ese universo sonoro de las bandas locales, donde instrumentos de viento y melodías populares acompañaban la vida cotidiana de las comunidades.
Con el tiempo, aquel niño que escuchaba la música desde la plaza desarrolló una formación cada vez más sólida como instrumentista. Tocó viola, corno francés y otros instrumentos de banda, y participó en agrupaciones musicales que marcarían el inicio de su camino artístico. Finalmente, ya adulto, ingresó al Conservatorio Nacional de Música en la Ciudad de México, donde perfeccionó su lenguaje compositivo.
Lo interesante de Huízar no es solamente su trayectoria personal, sino la forma en que su música dialoga con la cultura mexicana. A diferencia de algunos compositores nacionalistas que utilizaban melodías populares de manera directa, Huízar buscó algo más sutil: capturar el espíritu de los paisajes, las tradiciones y las comunidades rurales de su tierra.
En el programa Memorias de un Acorde, el músico y divulgador Gerardo Segura propone una comparación muy reveladora. Según explica, la música de Huízar podría compararse con los diálogos campesinos del escritor mexicano Juan Rulfo. Los personajes de Rulfo no hablan exactamente como lo harían en la vida real; sin embargo, a través de esas palabras se revela algo más profundo: el alma de un mundo rural, con sus silencios, sus ritmos y su memoria.
Algo similar ocurre en la música de Huízar. Obras como su poema sinfónico Imágenes evocan escenas de la vida campesina —una boda, el despertar del día, la celebración colectiva— no como ilustraciones folclóricas, sino como paisajes sonoros llenos de sensibilidad y observación.
Escuchar a Huízar es, en cierto modo, recorrer el México profundo desde la orquesta: sus tradiciones, sus pueblos y su memoria cultural transformados en sonido.
Si quieres descubrir esta historia y escuchar fragmentos de su música, te invitamos a escuchar el episodio dedicado a Candelario Huízar en el programa Memorias de un Acorde, producido y presentado por Gerardo Segura para Radio Clásica 103.3.
Una invitación a escuchar la historia de la música… acorde por acorde.
Escucha el episodio completo:
https://www.radioclasica.com.sv/podcast/memorias-de-un-acorde/
